11 ene. 2013

No te rindas... aún.

Está es una historia sobre un chico llamado Leonardo, él era un estudiante con un enorme  sueño; ustedes saben bien cuál era ese sueño. En fin, él vivía en un lugar muy escondido del mundo y la mayoría del tiempo estaba sólo escribiendo y escuchando música debajo del árbol más grande de un parque, él pensaba que las cosas no están destinadas a ser, que cada quien decidía que caminos tomar y que no había un camino fijo que seguir. Eso lo inspiraba a seguir adelante con sus sueños, hasta que un día la conoció. 1.58 de alto, ojos grises, cabello castaño, pequeños lunares en sus mejillas. Ella estaba sentada en una banca del otro lado del parque tomando un café. Cuando él la vio sintió como si todo hubiera desaparecido, sólo que quedaba él, mirándola a lo lejos. Ella levanto la mirada y lo miró. La conexión había comenzado. Él siguió su camino de siempre, se sentó y miró a los niños jugar pero esta vez su mente estaba en blanco, esta vez alguien le había robado el pensamiento. Sólo observaba. Esto siguió así durante 4 meses, sin nada en su mente, sin la inspiración de siempre. Hasta que la volvió a ver. Está vez, en el edificio en donde el vivía.

 La miró a los ojos y sólo dijo “Hola” y ese, tal vez, fue el mayor error de su vida. Ella le respondió, por supuesto con lo mismo. Eso fue todo, ambos entraron a sus departamentos. Sin poder encontrar el sueño, él sólo pensaba en una cosa. Destino. A la mañana siguiente hizo su rutina diaria hasta que escucho un golpe en su puerta, era ella. Sonriendo, no dijo nada, sólo se quedo ahí esperando. Él sólo sonrió y le pregunto su nombre. Valeri le preguntó si había visto a su gato, él dijo que no pero se ofreció para ayudarla a buscarlo. Fueron a la plaza, al rio, a la zona de escuelas y nada. Pero fueron al parque y justo debajo de donde él siempre se sentaba lo encontraron. Se sentaron juntos y él le enseño todo lo que escribía en ese lugar. Hablaron y compartieron opiniones hasta que ocurrió. Un beso de aproximadamente 1 minuto. Ella sólo se levanto y dijo “Gracias por encontrar a mi gato” y se fue. Él se levanto y camino hacia el rio y arrojó su libreta. Había cambiado su manera de pensar, empezó a creer que gracias al destino la conoció, que estaban destinados a conocerse. Al día siguiente despertó y espero a que ella volviera a tocar a su puerta, pero no lo hizo. Él salio y toco a la suya. Abrió la puerta y la invito a salir. Fueron a una cafetería y platicaron, rieron, se divirtieron, fueron felices hasta que el sol se oculto. Regresaron y se despidieron con un beso en la mejilla. Era oficial, él estaba enamorado de ella. Pensó toda la noche en ella, en sus ojos, en su voz, en ellos estando juntos sin nada más en el mundo. La noche termino y el despertó, queriendo otro día más como el pasado así que se alisto rápido y fue a buscarla. Esta vez fueron al parque y se sentaron en la banca donde el la vio por primera vez, estaba muy nervioso y la volvió a besar. Y sí, después de eso se lo pregunto y ella acepto. Inició oficialmente el 14 de Abril. Un domingo. Todos los días salían, sus rutinas habían cambiado dejando atrás la monotonía. Un mes después en casa de él paso por primera vez, fue la noche más emocionante desde hace años para ambos, fue la noche en donde realmente comenzó. Él estaba convencido de que estaban destinados. Quien diría que 1.58 metros de altura podría cambiar el sueño de una persona. Su relación fue bastante bien durante casi 7 meses, desde pequeñas llamadas a las 4 de la mañana, hasta noches enteras de sexo. Vieron películas, jugaron a las luchas, paseaban en el parque, se tomaban de la mano, etc. Una pareja muy poco común. Su confianza estaba perfecta, las peleas se solucionaban y los planes no cambiaban. Eran felices. Leyeron libros juntos, escuchaban Stuck on the Puzzle mil veces al día, cantaban, se besaban, peleaban. Era perfecto. Un 2 de Diciembre, Leonardo salió a la tienda a comprar un litro de leche y 2 donas y fue a buscarla como todos los días pero esta vez fue diferente, está vez nadie abrió la puerta, está vez ella no salio. Espero sentado durante 6 horas, 6 horas de sufrimiento, 6 horas de no saber nada de ella. Sintió una palmada en su hombro y era ella, sus ojos grises estaban llorosos y él sólo la abrazo con muchas fuerzas, pero no se dió cuenta de lo que ella tenía en sus manos, no se dio cuenta de lo que en verdad pasaba. “Adiós” fue lo último que escucho de ella. Salió con sus maletas hacia un taxi que la esperaba afuera de su edificio y ella sólo se marcho. Él estaba muy confundido, no sabía lo que pasaba, entro al departamento de ella y vio una nota con su nombre, la nota no tenía muchas palabras, pero sí mucho que decir; “Nada está destinado a ser” eso decía, junto a la nota estaba su libreta, sucia y maltratada, la que había arrojado al río el 14 de Abril. Salió al parque y se sentó justo debajo de ese gran árbol observando la banca en donde la vio por primera vez, esperando volverla a ver, esperando su regreso. 2 años duro esperandola, 2 años sentado en el mismo lugar esperando a la misma persona viendo hacía el mismo lugar con tan sólo 5 palabras en su mente. “Nada está destinado a ser”. Su sueño ahora se convirtió en su pesadilla, jamás la volvió a ver. Se volvió adicto a la tristeza e ilusión de que ella volvería. Él, con sus sueños rotos y esperanzas hechas polvo se inyectó heroína, la única solución que encontró fueron las drogas sin saber que encontraría otra solución. Murió a los 30 minutos de la inyección, él no sabia que era alérgico a la heroína. Murió un 25 de Junio. Tal vez el destino sí existe y fue este quien lo mato, tal vez él estaba destinado a morir en vez de estar hundido en la tristeza, tal vez ellos no estaban destinados a estar toda su vida juntos, de cualquier manera, el 26 de Junio en aquel parque, ella estaba observando desde la banca el árbol en donde el siempre estaba.

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